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Tratamiento psicofarmacólogico

 

Evaluación, diagnóstico, tratamiento, prevención y rehabilitación de la salud mental de niños, adolescentes y adultos. Atención terapéutica desde una perspectiva integradora del individuo dónde cada ámbito de la vida es considerado como parte implicada tanto en el sufrimiento emocional como en el tratamiento y recuperación de las dolencias psíquicas (socio-cultural, biológica, personal, familiar, laboral, escolar).

¿Cuándo necesito tomar medicamentos?

Síntomas del tipo ansiedad, llanto, sensación de pérdida de energía, dificultades para dormir, entre otros, son normales en ciertos momentos de la vida, por ejemplo la tristeza ante la ruptura de una pareja o por el fallecimiento de un ser querido, siempre y cuando no interfieran demasiado con nuestra vida diaria y funcionalidad habitual.

Si estas sensaciones, sentimientos o síntomas se alargan más de lo normal en el tiempo, nos impiden llevar una vida normal o si no los atribuimos a ningún factor estresante externo, podríamos necesitar la ayuda del psiquiatra y podríamos beneficiarnos de tratamiento psicofarmacológico.

Pueden requerir ayuda especializada:

  •  La incapacidad para adaptarnos a determinadas situaciones o desarrollarnos satisfactoriamente en el mundo laboral, en las relaciones personales de pareja o amistad.
  • Las llamadas crisis de angustia son la causa más frecuente de visitas al psiquiatra. Las personas que las padecen suelen tener problemas para hacer actividades como montar en metro, ir a grandes almacenes, o incluso salir de su casa.
  • Realizar actividades repetitivas como lavarse las manos, comprobar en múltiples ocasiones que la puerta está cerrada o que hemos cerrado la llave del gas, entre otras conductas que ralentizan la actividad diaria.
  • Problemas persistentes con la alimentación o con la calidad del sueño.
  • Pensar en el suicidio como alternativa a nuestros problemas o situaciones conflictivas.
  • Problemas con las drogas o el alcohol.
  • Experimentar vivencias extrañas o angustiosas que no se pueden explicar fácilmente, como oír cosas que los demás no parecen oír, ver cosas que los demás no ven, mostrar desconfianza hacia los que nos rodean.
  • Padecer fuertes dolores o síntomas físicos a los que no encuentran explicación médica. Esto no quiere decir que no existan, sino que quizá tenemos problemas que podrían ser mejor atendidos por un psiquiatra.

Si nos identificamos con alguna de estas situaciones, quizá es buen momento para acudir al psiquiatra.

¿Cuándo llevar a un niño a un psiquiatra?

En ocasiones es difícil darse cuenta de que un niño necesita ayuda profesional, ya que expresan su malestar de forma muy diferente a los adultos. En los niños es muy importante la prevención ya que están en continuo desarrollo y cambio debido a su plasticidad. Es importante una intervención precoz.

Por ello, si observamos que:

  • El niño ha cambiado su comportamiento o su relación con los demás y se muestra más irritable, se enfada con más facilidad, se muestra más negativista u oposicionista o con alteraciones de conducta, es momento de pedir ayuda.
  • Aunque pase más desapercibido es necesario prestar atención a conductas como “le apetece menos salir con los amigos o estar con la familia y se aísla en su habitación”, está más tranquilo de lo normal o menos hablador, apagado, sin ganas de jugar, etc. Por otro lado si es incapaz de adaptarse a las normas de la clase o si presenta dificultades escolares.
  • El colegio y/o los padres dudan sobre si los comportamientos de su hijo son o no adecuados, es momento de consultar.
  • Cuando exista un retraso o dificultad de adquisición en ciertas habilidades apropiadas para su edad como: lenguaje, lectura y escritura, habilidades psicomotoras, control de esfínteres, relaciones sociales, autonomía, etc.

Quizá, es el momento de acudir al psiquiatra.

El psiquiatra en consulta

La visita ideal al psiquiatra no es una visita de corta duración en la que se recetarán pastillas sin apenas ser escuchados. El psiquiatra es un profesional que escucha y cuyo objetivo es aliviar al sufrimiento psíquico. Es consciente de los temores y reparos que la toma de una medicación “psiquiátrica” causa por lo que la persona debe exponer todas las dudad y miedos frente al tratamiento y sus posibles efectos secundarios: “soy débil por tomar tratamiento”, “crean dependencia”, “no podré soportar los efectos secundarios”, “si no la tomo soy más fuerte”, “Después de varios días o semanas tomándolo no mejoro”, “las medicinas resolverán todos mis problemas”, “debería estar completamente curado con la medicación”.

El psiquiatra deberá poner su esfuerzo en informar adecuadamente y resolver en la medida de lo posible todas las dudas. Lo más importante es consultar siempre con él antes de abandonar uno mismo el tratamiento y las pautas médicas para evitar recaídas.

Por ello se deberá hacer un seguimiento más estrecho durante el periodo inicial del tratamiento con mayor accesibilidad que facilite la solución de las dudas. Además, la elección del fármaco será individualizada y adaptada a la situación individual del paciente.

El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado tienen como objetivo disminuir los síntomas, evitar y prevenir las recaídas y recurrencias y por tanto modificar el curso de los síntomas para alcanzar una mejor calidad de vida del paciente.

Psiquiatría y problemas infantiles

El psiquiatra realizará una primera evaluación para determinar si las dificultades de su hijo precisan de una intervención terapéutica o no y qué tipo de intervención sería la más adecuada. Para ello la familia y el colegio son la principal fuente de información.

A través de la entrevista, la observación conductual, cuestionarios, pruebas estandarizadas y test psicométricos se realizará la evaluación, siendo preciso el trabajo en equipo con psicólogos, psicopedagogos, logopedas y psicomotricistas.

Concluida la evaluación, se procede al tratamiento, marcando unos objetivos y metas en los que se trabajara de forma conjunta con otros profesionales. En ocasiones solo será preciso trabajar con los adultos (familia y/o colegio) ya que modificando el ambiente, la conducta del niño mejora. En otras ocasiones será preciso trabajar con el niño para que sean ellos mismos quienes adquieran las habilidades para resolver los problemas.

En lo referente a los adolescentes, es importante discriminar cuando las conductas son propias de la edad y de la manera que tienen de gestionar su vida y de ir identificándose como personas independientes. Cuando esas conductas afectan a su desarrollo emocional (fracaso escolar, conductas de riesgo, agresividad, transgresión de las normas) es importante una evaluación por un profesional.

En la mayor parte de las ocasiones deben ser los adultos quienes soliciten ayuda ya que ellos suelen argumentar “que no les pasa nada y que el problema no lo tienen ellos”.

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