La llegada de un hijo, del deseo a la realidad

 Quién no ha escuchado alguna vez a unos futuros padres, primerizos o no:

“mi hijo va a ser…  arquitecto, futbolista, la más lista, periodista como mi madre, guapísima, altísimo, obediente y muy muy muy muy feliz. Conseguirá todo lo que se proponga, tendrá amigos allá donde vaya, encontrará un trabajo vocacional, bien pagado y vivirá en un buen barrio, se enamorará de una persona maravillosa y tendrán hijos sin problemas”. Y… colorín colorado, este cuento se ha acabado. ¿Parece un cuento de hadas, verdad?  Os contaré en este post que, lejos de ser un cuento, se trata de nuestros deseos como padres de que todo vaya PERFECTO.

Por otro lado, pobrecit@ bebé que aún no salió de la barriga y … ¡ya le tenemos la vida organizada! pensarán algunos. Otros quizá tengan dibujada una sonrisita de “sí, lo reconozco, todo eso también lo he pensado yo”  y como en la variación está el gusto, habrá algún lector al que todo esto le parezca una barbaridad.

Desde mi punto de vista una barbaridad no es, lo que sí es en clave de humor es una exageración. Digo que no es una barbaridad porque lo normal es que la pareja sueñe con el bebé ideal que viene de camino. Con que todo irá según lo planificado y  saldrá todo PERFECTO. Esta palabrita, está en mayúsculas con toda la intención ¿se puede saber qué hay de perfecto en esta vida?

Comentar también que si no idealizásemos, ni un poquito, no haríamos nada. No estudiaríamos, ni iniciaríamos una relación de pareja o un proyecto laboral, no saldríamos de casa. Necesitamos creer que todo va a ir bien para continuar esforzándonos. De esto se deriva que si no idealizásemos la llegada de un hijo, los índices de natalidad descenderían estrepitosamente.

Sin embargo, llega el bebé. ¿Es cómo lo habíamos imaginado?, ¿come bien?, ¿coge peso?, ¿duerme el tiempo necesario?, ¿por qué llora tanto?…. Comienzan los miedos: “ ayyyyy! Algo debemos estar haciendo mal como padres para que no quiera comer, para que no quiera dormir, incluso… para no quererle todo lo que deberíamos”. A veces, uno puede llegar a pensar, quiero rebobinar la película y cambiar el guión. “Esto no es lo que yo me había imaginado”, “no sé si seré capaz de estar a la altura”, “un hijo es para toda la vida y ya no sé si esto me hace feliz”.

Desafortunadamente, esta crisis es mucho más frecuente de la que pensamos.

Afortunadamente se supera.

Por el hecho de ser padres uno no lo sabe todo de su bebé. Por el hecho de que sea un bebé no es todo el tiempo adorable, gracioso y tranquilo. Tendremos miedos, dudas, culpa. El bebé llorará, nos cansará y estaremos en una montaña rusa de sensaciones. El bebé rechazará el contacto en algunos momentos y en otros lo exigirá. Lo que quieren los padres y lo que quiere el bebé comenzará a tomar distancia. Un ejemplo sencillo de esto es que uno puede necesitar dormir, pero si el bebé tiene hambre… allí no duerme nadie.

La clave está en superar las bajadas y aprovechar las subidas. El peligro se encuentra en que ante una dificultad, como ya “esto no es PERFECTO”, no podamos ser los padres de ese bebé.

Ese bebé, no otro cualquiera, ese bebé es un sujeto único que ha comenzado su historia antes de la llegada a este mundo (de modo literal), se ha alimentado en la barriga de su madre, no solo de los nutrientes, sino también de sensaciones y afectos del entorno. Ese bebé imperfecto necesita unos padres lo suficientemente buenos, en ningún caso perfectos, con los que poder crecer.

Del deseo a la realidad es una forma de animar a soñar con los pies en la tierra y sobre todo a disfrutar de la experiencia con la convicción de que habrá dificultades, no será todo PERFECTO pero lo más probable es que salga bien.

Alicia Reinoso García

Psicóloga clínica y educativa en ATEM

1 Comentario

  • ana / 22 Enero, 2017 at 5:50 pm

    Viendo un artículo de esta semana en El Mundo sobre cuentos infantiles para dormir. El artículo es este:
    http://www.elmundo.es/sapos-y-princesas/2017/01/14/587a8e98ca474190638b4592.html

    … me gustaría explicar que hace un par de meses fui con mi niño de 4 años a ver un Cuentacuentos que trataba precisamente de eso, de que todos los presentes nos quedáramos allá mismo dormidos.

    Creo que se titulaba “Quedate dormido en tu camita”. El suelo estaba lleno de mantas y cojines para que todos nos tumbáramos. Y la chica que contaba el cuento pasaba por encima de toda la gente, que era un montón, porque la sala estaba llenísima.

    Estaba basado en dos libros que aparecen en ese artículo del Mundo:
    El libro titulado “Mi camita” y el libro titulado “Todos bostezan”.

    Ciertamente a mi niño le encantó, y me sorprendió mucho porque pidió dormir esa noche en su camita, que era un poco la finalidad de ese espectáculo.
    Así que me hice con esos dos libritos y la verdad, mi hijo casi cada noche duerme en su cama. Le hemos puesto a la cama unos ojos y una boca como la del cuento y se duerme feliz.

    Al leer ayer el artículo del El Mundo, quería contar esta experiencia, que realmente fue muy enriquecedora.

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