Cuándo llevar a mi hijo al psicólogo

¿Cuándo llevar a mi hijo al psicólogo?

La infancia y la adolescencia son periodos plásticos para cambiar y desaprender lo que “ no va bien”

Es posible que esta pregunta haya aparecido en la cabeza de muchos padres ante distintos momentos del desarrollo del hijo. Las rabietas, la adquisición de la lectoescritura, el momento de ir a dormir, el control de esfínteres, las relaciones con los compañeros, el respeto de las normas… son situaciones que pueden favorecer que asome la famosa preguntita: “ ¿es esto normal?” acompañada de una cierta inquietud y temor a que el niño no se está desarrollando acorde a “lo esperado”.

Como os podréis imaginar el tema da para mucho, pero quisiera que este pequeño texto fuera una guía para todos aquellos padres que están preocupados o dubitativos con algunas conductas de sus hijos.

Como he dicho en más de una ocasión, es absolutamente imposible conocer todo del desarrollo de algo tan complejo como es un ser humano, por lo tanto, por el hecho de ser padre uno no debe esperar saberlo todo. Sé que no consuela, pero hay que aceptarlo, estamos limitados y a veces tendremos que consultar ante las dudas.

Sin embargo, como decía voy a describir o si se me permite rizar el rizo, cuándo como padre debo consultar a un psicólogo infantil.

Primero: existen comportamientos como los miedos, las rabietas que están asociados a momentos evolutivos, y por lo tanto momento necesarios en el desarrollo del niño. Pondré un ejemplo sobre los miedos. Los miedos evolutivos ayudan a entender el mundo con mayor complejidad. Esto tiene una relación con el crecimiento y la manera de relacionarnos con la realidad. Por ejemplo, cuando nuestro hijo de 6 años pregunta si los niños se pueden morir, podríamos catalogar esta pregunta de algo normal. La muerte forma parte de la vida y el niño sano atiende a los aspectos que le rodean, por lo tanto que pregunte esto ( aunque nos resulte incómodo…) es “normal”. Sin embargo, que este mismo niño, dibuje constantemente temáticas de muerte, tenga pesadillas y con 6 años necesite dormir acompañado “pasa la línea” de lo que sería un desarrollo y adaptación del psiquismo de este pequeño. Exagero el ejemplo para que se comprenda que uno de los criterios de cuando llevar al niño al psicólogo sin duda es el grado de sufrimiento que provoque el hecho en sí tanto en el niño/adolescente como en nosotros como padres.

Segundo: “ No hay nada en la patología que no esté en la normalidad” Sigmund Freud. Lo explico: ¿ quién no ha comprobado si ha cerrado la puerta, apagado el gas, las luces del coche, el movimiento bancario…?, ¿ quién no ha dudado de si ha dicho algo, tomado una pastilla, de si nuestra pareja nos quiere?… podría seguir. A lo que voy es a que TODOS nos obsesionamos, dudamos y nos sentimos celosos en algún momento. Pero si en lugar de comprobar la puerta una vez lo hago 54 veces, pregunto si me han entendido en lo que he dicho 33… o 333; no voy a poder realizar una vida normal. El grado de interferencia , por la intensidad y frecuencia, del comportamiento en nuestra vida cotidiana y en la de nuestro hijo, es otro criterio de peso para acudir a la consulta de un profesional.

Tercero: No podemos entender al otro al 100%, aunque sea nuestro hijo y nos recuerde muchísimo a cuando teníamos su edad,  no es correcto pensar que nadie te entiende y te conoce como yo, ya que sin duda habrá puntos ciegos en la forma de ser, pensar, sentir del hijo que sean privados y desconocidos. A pesar de esto, hay una varianza importante que si debe de ser entendida ( en cualquier relación). Entender cómo es el otro y por qué se comporta así para poder hacer las funciones de padres correctamente, para que la relación paterno-filial vaya bien y para que la angustia o el enfado no manden en el día a día. El tercer criterio que propongo es el grado de no entendimiento de nuestro hijo. Cuando es demasiado elevado nos puede enfadar, asustar y paralizar. Para que esto no pase debemos pedir ayuda.

Un alto porcentaje de padres que consultan logran reconducir la situación motivo de demanda. La infancia y la adolescencia son periodos plásticos para cambiar y desaprender lo que “ no va bien”. Prevenir es la clave de la salud mental y emocional en la edad adulta.

Alicia Reinoso García

Psicóloga clínica y educativa en ATEM